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Ni la talacha —ese futbol amateur que poco a poco se vuelve semiprofesional— ni el barrio olvidaron el domingo a uno de los suyos: el delantero Carlos Ramírez “Jaruccio”, quien hace una semana perdió la vida en un accidente automovilístico junto al portero Nacho Moreno, seleccionado nacional de Street Soccer.
En la cancha del Polideportivo Xonaca, el recuerdo de “Jaruccio” apareció antes de que rodara la pelota. Sus compañeros del Barcelona desplegaron una manta con la leyenda: “Descansa en paz, ‘Cracklitos’”. No hubo discurso ni anuncio. La manta quedó ahí, a la vista de quienes llegaron a disputar y presenciar la final de la Primera Fuerza de la Liga FC Los Ángeles.
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El homenaje siguió en el entretiempo. Cuando el partido llegó al descanso, por los parlantes del sonido local sólo se escuchó un corrido en honor al delantero. Nadie dijo más. La canción llenó ese espacio con versos que nombran su barrio y lo recuerdan por aquello que también lo identificaba fuera de la cancha.
“Que retumbe fuerte por Xanenetla”, decía una de las líneas. La letra también lo despide con respeto y sentimiento, lo recuerda como fanático de las Chivas Rayadas del Guadalajara y reconoce el don que Dios le dio para jugar bien al futbol. Así, el corrido cuenta quién fue “Jaruccio” y mantiene viva su memoria entre los suyos: desde su afición por el Guadalajara hasta el lugar que ocupaba en la talacha y en el barrio.
La canción también lo llama a volar alto, como una despedida que enlaza su nombre con Xanenetla y con las personas que compartieron cancha con él. Más que hablar de resultados, la letra rescata las señas que lo volvían reconocible para los suyos: su barrio, sus Chivas y el futbol que compartió con sus compañeros.
En la cancha, el Barcelona tenía otro motivo para recordarlo. En la final de la Liga FC Los Ángeles venció 3-0 a Alemania Bosques y le dedicó el título a su delantero, quien hace una semana partió a las canchas celestiales. La victoria llegó en la misma jornada en que sus compañeros habían dejado claro, primero con la manta y después con el corrido, que no lo olvidaban.
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“Jaruccio” ya no estuvo en la cancha, pero sus compañeros lo tuvieron presente cada vez que alzaron los brazos para festejar, luego de poner a descansar la pelota en el arco rival. Cada gol les devolvía el recuerdo de las otras tardes y las otras canchas que compartieron con él.
¿Cómo no hacerlo, si ganó con ellos y ayudó a engrandecer al Barcelona, orgullo de Xonacaca? Aunque Jaruccio era de Xanenetla, otro de los barrios fundadores de Puebla, también hizo suyo al conjunto. El domingo, sus compañeros lo recordaron sin palabras: con una manta antes del partido, un corrido al llegar el entretiempo y un título dedicado a su memoria.
