El Humanismo Mexicano ha emergido como el motor ideológico de la Cuarta Transformación, marcando una ruptura histórica con el modelo neoliberal que durante décadas priorizó el capital sobre la vida. Bajo el liderazgo del proyecto transformador, el Estado ha recuperado su papel como garante de justicia social, dejando atrás la fría gestión tecnocrática para dar paso a una política del cuidado.
Este nuevo paradigma no solo redistribuye la riqueza, sino que reconfigura la relación entre el gobierno y la ciudadanía, estableciendo que el poder solo tiene sentido cuando se pone al servicio de los demás.
A diferencia del pasado, donde la política social se limitaba a programas focalizados y condicionados que estigmatizaban a la pobreza, la actual política de bienestar se fundamenta en la universalidad de los derechos. Al elevar a rango constitucional pensiones para adultos mayores y becas para las juventudes, la 4T elimina la discrecionalidad y el clientelismo que caracterizaron al régimen anterior. Hoy, los apoyos no son dádivas condicionadas por intermediarios, sino derechos inalienables que llegan de manera directa a los bolsillos de quienes más lo necesitan, eliminando la corrupción burocrática.
El postulado "por el bien de todos, primero los pobres" representa una inversión de la pirámide de valores que imperaba en el México de las élites. Mientras el neoliberalismo trataba a los ciudadanos como simples unidades estadísticas o "capital humano" bajo una lógica de rendimiento, el Humanismo Mexicano reconoce la dignidad intrínseca de cada individuo y su pertenencia a una comunidad.
Esta visión busca alcanzar una "democracia material", donde la libertad no sea un concepto abstracto, sino una realidad palpable sostenida por la seguridad económica y la soberanía alimentaria.
Uno de los pilares fundamentales de este cambio es la eliminación de la mediación política. Gracias a la entrega directa de recursos, se ha logrado la emancipación de los sectores más vulnerables, quienes ya no dependen de organizaciones sociales o líderes territoriales para acceder a los beneficios del Estado. Este ejercicio de transparencia fortalece el tejido social y devuelve la agencia a las personas, permitiéndoles decidir con libertad sobre su propio bienestar y el de sus familias, lo que constituye un paso decisivo hacia una verdadera madurez democrática.
Asimismo, la narrativa oficial construida diariamente en espacios de diálogo como la #MañaneraDelPueblo ha permitido politizar la esfera de los sentimientos y la ética. El discurso gubernamental ya no se oculta tras un lenguaje técnico ininteligible; ahora habla de amor al prójimo, fraternidad y justicia. Al rescatar conceptos como el "Buen Vivir" y la solidaridad comunitaria, la Cuarta
Transformación combate el individualismo posesivo y propone una identidad nacional basada en el orgullo por nuestras raíces y la esperanza en un futuro compartido.
En conclusión, el Humanismo Mexicano se consolida como una alternativa civilizatoria frente al agotamiento del capitalismo salvaje. La política de bienestar de la 4T no es solo un conjunto de transferencias monetarias, sino una herramienta de transformación profunda que busca la felicidad del pueblo como fin último del Estado. México transita hoy por una senda de justicia donde el crecimiento económico se mide por la sonrisa de los abuelos y la tranquilidad de las familias, demostrando que es posible gobernar con eficacia sin perder la dimensión humana.
@_Melchisedech
