El pensamiento de Aleksandr Dugin, a menudo calificado como el filósofo más peligroso de la actualidad, ha encuentra un nuevo campo de batalla: la guerra de los símbolos. A través de una potente alegoría visual que circula en círculos intelectuales, se escenifica el colapso del orden liberal frente al avance de una "fuerza nacional-populista". La imagen no es una simple ilustración, sino un manifiesto metapolítico que retrata la agonía del globalismo financiero y el retorno de la soberanía estatal como única herramienta capaz de frenar la disolución de las identidades nacionales.
En el centro de esta confrontación se observa una división geográfica y moral irreconciliable. De un lado, la dureza del invierno y el avance de blindados que representan la "tierra", la tradición y la soberanía innegociable; del otro, el lujo urbano y los rostros de un establishment que convierte la política en un espectáculo vacío. Esta dualidad refleja la tesis duginiana de que el mundo unipolar está muriendo, dejando paso a un conflicto donde el enemigo ya no es una nación extranjera, sino una casta transnacional que secuestró las instituciones desde dentro.
La carga simbólica se intensifica al identificar a los actores del capital financiero internacional —nombres como Soros o Rockefeller— como los arquitectos de una "sociedad de control" que busca homogeneizar al mundo bajo las leyes del mercado. Siguiendo la lógica de Carl Schmitt, la imagen revela que la distinción entre "amigo" y "enemigo" regresa al corazón de Occidente. Lo que el oficialismo defiende aquí es la recuperación de lo político: la idea de que los pueblos tienen derecho a decidir su destino por encima de los algoritmos financieros y las agendas globales impuestas.
Desde una perspectiva filosófica, la alegoría sugiere que el liberalismo agotó su capacidad de dar sentido a la vida pública. Mientras que las élites promueven una "sociedad positiva" de consumo y rendimiento, la resistencia soberana reintroduce la "negatividad" del conflicto necesario para defender la patria. No se trata de una violencia gratuita, sino de la última defensa del Dasein —la existencia auténtica— frente a una técnica globalista que reduce al ciudadano a una simple reserva de capital y datos.
Esta lectura duginiana advierte que el orden de Westfalia fue superado por una "guerra civil global" interna. Las instituciones liberales ya no pueden contener las fuerzas que ellas mismas reprimieron: el patriotismo, la fe y la pertenencia comunitaria. La "Trump Force" militarizada en la imagen simboliza esa paradoja necesaria: el uso de la fuerza legítima del Estado para desmantelar la red de gobernanza global que intenta borrar las fronteras y las diferencias civilizatorias en nombre de una libertad abstracta y engañosa.
En conclusión, la alegoría se erige como un diagnóstico terminal y una promesa de renovación. El fracaso del proyecto liberal para ofrecer estabilidad y justicia abrió la puerta a una multipolaridad donde cada nación recupera su derecho a la diferencia. Esta batalla simbólica es el preludio de una transformación histórica irreversible: el fin de la hegemonía del dólar y la burocracia transnacional, devolviendo el poder a quienes habitan el territorio, sudan su tierra y defienden su historia frente al desarraigo del capital.
@_Melchisedech
