Rafael G. Morales
Foto: Copa Mundial
A pesar de que el presidente de la FIFA, el suizoitaliano Gianni Infantino, ha manifestado una y otra vez desde antes del inicio y ahora durante el desarrollo de la justa mundialista que esta sería la más destacada e inclusiva de la historia, la verdad contrasta, y por mucho, con sus dichos y deseos.
De entrada la copa que se disputa en Norteamérica –teniendo como sedes a Estados Unidos, Canadá y México- se está convirtiendo en la más polémica por sus altos costos en los boletos de ingreso a los estadios.
Las cifras alcanzan unos precios que han marginado a los verdaderos aficionados, aquellos que se han conformado hasta ahora con acudir a los Fan Fest que se han colocado en muy pocas ciudades, porque aquí también se han visto afectadas las autoridades que pretendieron e incluso anunciaron que instalarían varias en beneficio de la población.
Un ejemplo de ello son las autoridades de los estados de Puebla y Tlaxcala, quienes tuvieron que recular al conocer que los derechos de transmisión de todo el mundial en un espacio abierto ronda la cifra de poco más de 40 millones de pesos. En el vecino estado incluso mencionaron que ese presupuesto preferían destinarlo a la construcción de una escuela.
Lo mismo ocurre con los espacios públicos, donde se anunció que personal del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) recorrería bares, hoteles, botaneros y restaurantes, entre otros sitios, para evitar que transmitan sin el pago de los derechos los partidos de la fiesta futbolera.
Esa misma restricción corremos los medios de información, quienes tenemos que ser muy cuidadosos de no emplear imágenes, leyendas e incluso el nombre oficial del torneo porque corremos el riesgo de recibir una multa, que como en los citados negocios, podría alcanzar los 30 mil pesos de sanción.
A los precios desorbitantes, habrá que añadir la serie de conflictos diplomáticos que se han registrado por el actual del gobierno que encabeza Donald Trump, como la prohibición a la selección de Irán de poner instalar su sede de entrenamientos en el país de las Barras y las Estrellas a pesar de que la sede de sus juegos es en dicho territorio.
La situación se solucionó por la respuesta de las autoridades mexicanas para cederles visas a los jugadores y cuerpo técnico para fijar su base en Tijuana.
Así pudieron cumplir con su primer juego, el cual empataron a dos con Nueva Zelanda, pero tras el silbatazo tuvieron que salir del estadio, abordar un vuelo charter y regresar a México porque tenían prohibido pernoctar en los Estados Unidos.
Y qué decir de la expulsión del árbitro somalí Omar Artan, a quien se le negó el ingreso a los Estados Unidos, esto porque ningún ciudadano de ese país es recibido en territorio gringo por órdenes de Trump.
Sin embargo, para remediar la situación, la misma FIFA anunció que se le cubrirán todos sus salarios, viáticos y hasta premios como si hubiera pitado.
Otra mancha que hay que añadir a la Copa son las represiones a las manifestaciones, tal y como ocurrió en nuestro país donde se fijaron cercos para evitar que integrantes del CNTE y de diversas organizaciones de madres buscadores pudieran dar a conocer las problemáticas que están viviendo, especialmente quienes buscan a sus desaparecidos.
Otra polémica se generó este lunes, cuando el monitor de discriminación de la FIFA pidió que se retire del torneo a un árbitro de revisión del VAR por haber realizado un gesto con la mano que se asemeja a una señal utilizada por los grupos de supremacía blanca.
El pasado domingo, durante la transmisión del partido entre Alemania y Curazao, se mostró brevemente a los árbitros designados para el encuentro. Entre ellos se encontraba el australiano Shaun Evans, quien mientras posaba para la foto realizó un gesto de “OK” invertido con la mano derecha delante de su pierna.
El ademán —en el que se une el pulgar y el índice formando un círculo y los demás dedos extendidos— fue designado oficialmente como un “símbolo de odio” por la Liga Antidifamación de Estados Unidos (ADL), con sede en Nueva York.
Asimismo, se está dando un rompimiento entre la prensa y la selección de Corea del Sur, que estableció su campamento base en la ciudad de Guadalajara. Fue ahí donde se soltó la tempestad con la prensa.
La semana pasada se publicó un video en el que algunos periodistas de aquel país hablaban sobre la estrella Heung-Min Son, sin que se dieran cuenta que había un micrófono abierto. El diálogo generó molestia. “¿Sólo porque es el capitán corre como si fuera el líder de un pelotón militar? Corre como si estuviera en el servicio militar”, se escucha. “¿Es por ser el capitán? Y eso que ni siquiera hizo el servicio militar completo”, dice otra persona.
El video comenzó a circular con fuerza. Al plantel no le cayó nada en gracia la crítica hacia su capitán por un tema que es considerado del más alto honor en aquel país, como es el servicio militar.
Esto provocó que al día siguiente de lo ocurrido, los periodistas mexicanos fueron retirados de la sala de prensa en Verde Valle, para que los coreanos tuvieran una charla con el jefe de medios de la selección de Corea del Sur. En la reunión a los comunicadores asiáticos se les dio la instrucción de lo que se puede o no grabar.
Como el tema se viralizó, a partir de ese momento, se acabaron las conferencias de prensa, salvo las que son obligadas por FIFA, previo y posterior a un partido.
El pasado domingo, estaba programada una conferencia de prensa antes del entrenamiento en Verde Valle. De última hora se decidió que quedaba cancelada.
El lunes 15 de junio, los tres periodistas coreanos involucrados en el video que se difundió tuvieron una plática con el técnico Bo-Hong Myung y con la estrella Heung-Min Son. Se supo que ofrecieron disculpas, mismas que fueron aceptadas.
Corea del Sur se enfrentará al tricolor de Javier Aguirre el próximo jueves en el estadio Guadalajara. Ambos equipos ganaron en su presentación, por lo que estará en juego el liderato del Grupo A.
