Sábado, 28 Febrero 2026 11:57

El martillo de Nietzsche desnuda los falsos valores morales

Escrito por Redacción

Melchisedech D. Angulo Torres/ Politólogo

​En un contexto global donde las estructuras tradicionales parecen tambalearse, la vigencia de El crepúsculo de los ídolos de Friedrich Nietzsche se erige como una declaración de guerra necesaria contra la hipocresía que cimenta nuestra civilización.

Publicada originalmente en 1889, esta obra representa el "martillazo" definitivo contra las verdades eternas y los principios morales que, bajo el amparo de un oficialismo intelectual caduco, han mantenido a la humanidad sumergida en un estado de negación vital y resentimiento.

Nietzsche no propone una destrucción ciega, sino un diagnóstico acústico: golpear los ideales como si fueran campanas para demostrar que, por dentro, están huecos y que lo que hemos llamado "progreso" es, en realidad, una profunda decadencia.

​El primer gran mito en caer bajo este escrutinio es la ficción del "mundo verdadero". Desde la academia y las instituciones se nos vendió la idea de que existe una realidad superior —sea el cielo cristiano, el mundo de las ideas de Platón o el "a priori" kantiano— que desprecia nuestro mundo tangible de sentidos y cambios.

Nietzsche desenmascara esta dicotomía como una estafa metafísica; postular un "más allá" no es un logro espiritual, sino una huida cobarde de aquellos que no pueden soportar la realidad del devenir.

Al declarar que los sentidos nos engañan, la tradición invierte la lógica natural, prefiriendo la nada sobre la existencia plena, convirtiendo la vida en una mera "apariencia" frente a una mentira inalcanzable.

​Esta traición histórica tiene un rostro claro: Sócrates. El filósofo alemán identifica en el pensador griego al primer "gran decadente", aquel que sustituyó el vigor de los instintos por la tiranía de la razón.

La famosa ecuación de que la racionalidad equivale a la felicidad es, para Nietzsche, una fórmula patológica que surge cuando los instintos ya no son capaces de autorregularse.

La dialéctica socrática no es más que la herramienta de los débiles para someter a los fuertes, una forma de venganza intelectual que sentó las bases para que el sistema moral posterior castrara la creatividad humana en favor de una lógica fría y domesticadora que hoy sigue permeando nuestras instituciones.

​La crítica se extiende con furia hacia la moral cristiana, definida aquí como una "antinaturaleza" que busca la extirpación de las pasiones en lugar de su gestión.

Nietzsche argumenta que la Iglesia (cristiana) cambia el instinto con el "castracionismo", imponiendo ideales de castidad y humildad que solo generan individuos mutilados y llenos de mala conciencia.

En lugar de este ascetismo represivo, el autor propone la espiritualización de las pasiones: entender que la fuerza y la enemistad, bien encauzadas, son motores de grandeza. La moral tradicional no es un camino a la virtud, sino una trampa psicológica diseñada para que el ser humano se convierta en su propio carcelero.

​Incluso conceptos que consideramos pilares de la justicia, como el libre albedrío, son señalados como errores malintencionados.

Nietzsche sostiene que la noción de voluntad libre fue inventada por los teólogos para poder juzgar, culpar y castigar, creando un sujeto responsable ante una autoridad superior.

Al desmontar la causalidad metafísica, el filósofo nos invita a ver al individuo como un campo de batalla de fuerzas vitales. Destruir estos conceptos no es promover el caos, sino liberar al hombre de la carga de una culpabilidad impuesta que solo sirve para perpetuar el control de las élites morales.

@_Melchisedech

 

Visto 352 veces
contraparte.mx
© contraparte.mx | 2026
Calle Orión No. 13 Interior 7 Fracc. Villa Satélite La Calera, Puebla, Pue. CP 72564 Tel. (222)2-16-00-51. Todos los derechos reservados, Contraparte Informativa y Periodística S.A. de C.V, de no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, edición y cualquier uso de los contenidos de este portal.