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Respeto a la fe: un llamado a la libertad de culto en los lugares santos
Melchisedech D. Angulo Torres/ Politólogo
El reciente incidente en Jerusalén, donde se impidió el acceso al patriarca latino, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, a la Basílica del Santo Sepulcro durante el Domingo de Ramos, representa un agravio que trasciende lo protocolar para herir la sensibilidad de millones de fieles.
Este acto, calificado como un "grave precedente" por el Patriarcado Latino, no solo vulnera el histórico statu quo que rige la convivencia religiosa en Tierra Santa desde el siglo XIX, sino que proyecta una sombra de intolerancia sobre una ciudad que debe ser faro de paz y encuentro para todas las confesiones.
La libertad de culto no es una concesión política, sino un derecho humano fundamental que no puede quedar supeditado a criterios de seguridad desproporcionados que terminen por aislar a las autoridades religiosas de sus propios templos.
El contexto de conflicto bélico en la región y las tensiones internacionales con Irán han servido de argumento para que las autoridades israelíes endurezcan las restricciones en la Ciudad Vieja.
Sin embargo, aplicar estas medidas contra la máxima autoridad católica de la región en la fecha más significativa del calendario litúrgico es una decisión que carece de prudencia política.
Mientras el gobierno de Benjamín Netanyahu justifica los bloqueos bajo una "evaluación de riesgo", la comunidad internacional percibe un preocupante sesgo que limita la presencia cristiana en Jerusalén Este.
Impedir que un pastor llegue a su grey en un día de oración solo contribuye a exacerbar los ánimos en un momento donde la diplomacia y el diálogo deberían ser las herramientas prioritarias para la desescalada.
La reacción de la comunidad internacional ha sido firme, destacando la postura del gobierno italiano de Giorgia Meloni, que ha convocado al embajador israelí en Roma para exigir explicaciones inmediatas.
Para Italia, esta acción no es solo una ofensa a los católicos, sino un ataque directo a los principios democráticos occidentales que defienden la libertad religiosa como un pilar innegociable.
La firmeza de Roma subraya que, incluso entre aliados estratégicos, existen límites que no deben cruzarse, especialmente cuando se trata del respeto a las instituciones milenarias que custodian la fe.
Este roce diplomático evidencia que el manejo de la seguridad en Jerusalén está afectando las relaciones exteriores de Israel con naciones que tradicionalmente han sido sus apoyos más cercanos.
Dentro de los muros de la Ciudad Vieja, este episodio se suma a una lista creciente de denuncias sobre actos vandálicos y presiones de grupos radicales que buscan alterar la demografía y el carácter multireligioso de la zona.
Las organizaciones cristianas locales advierten que la marginación del patriarca en el Santo Sepulcro es el síntoma de una erosión sistemática de sus derechos.
Si la figura del cardenal Pizzaballa, conocido por su perfil conciliador, puede ser objeto de tales restricciones, el ciudadano común y el peregrino quedan en una situación de total vulnerabilidad.
La preservación del carácter abierto de Jerusalén es esencial para evitar que la ciudad se convierta en un foco de exclusión que alimente aún más el extremismo religioso en todo el Medio Oriente.
Desde una perspectiva de Estado, la protección de los lugares sagrados es una responsabilidad que Israel debe ejercer con equidad y sin discriminación.
El uso de la fuerza y los cierres perimetrales para impedir ritos ancestrales solo consigue proyectar una imagen de debilidad institucional frente a la intolerancia.
Es imperativo que se restablezcan las garantías para que la Semana Santa pueda concluir sin nuevos atropellos, permitiendo que el Domingo de Resurrección sea un espacio de esperanza y no de confrontación.
El mundo observa con atención cómo se gestiona el acceso a la cuna de la cristiandad, entendiendo que el respeto a la diversidad religiosa es la única vía para una coexistencia duradera en una tierra ya suficientemente castigada por la guerra.
@_Melchisedech
Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa con procesión y llamado a la fe en la Catedral
Aurelia Navarro Niño
En un ambiente de recogimiento, fe y tradición, este día se llevó a cabo la celebración del Domingo de Ramos, con lo que oficialmente dio inicio la Semana Santa.
Decenas de fieles se congregaron desde temprana hora para participar en la tradicional procesión, la cual recorrió la calle 3 Oriente hasta llegar a la Catedral, donde posteriormente se celebró la misa dominical.
Durante la ceremonia religiosa, el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa encabezó la eucaristía, dirigiendo un mensaje a la comunidad católica en el que resaltó la importancia de vivir estos días con reflexión, espiritualidad y compromiso con los valores cristianos.
En su homilía, Sánchez Espinosa convocó a los fieles a seguir la doctrina, reforzando la necesidad de mantener la fe en medio de los desafíos actuales y de actuar con base en los principios del evangelio.
Asimismo, destacó que la Semana Santa representa una oportunidad para renovar la vida espiritual y fortalecer la unión familiar y comunitaria.
La procesión de Domingo de Ramos, caracterizada por la bendición de palmas y la recreación de la entrada de Jesús a Jerusalén, reunió a familias enteras que, con devoción, participaron en este acto simbólico que marca el inicio de una de las celebraciones más significativas para la Iglesia católica.
Con este evento, la Catedral se convierte en uno de los principales puntos de reunión para las actividades litúrgicas de la Semana Santa, en las que se espera una amplia participación de creyentes en los próximos días.
