Han pasado 8 largos años desde que el PAN perdió a su dueño Rafael Moreno Valle, en un trágico accidente del que mucho se ha especulado.
Sin Rafael, el PAN jamás hubiera acariciado el poder que en el 2010 le arrebató al Priato con la ayuda de algunos ex gobernadores como Melquiades Morales Flores y toda su familia.
Al llegar al poder, Moreno Valle hizo a un lado a casi todos los panistas de ese entonces porque descubrió su adicción por los negocios al amparo del poder, o mejor dicho, desde la disfrazada oposición.
Moreno Valle era el dueño de todo e influía en todo. Él decidía a quién perseguir, encarcelar, investigar o seducir para que lo ayudara.
En el exsecretario de Infraestructura vio dos cualidades: lealtad y operación. Tony le sumaba a Rafael a diversos actores que Rafael citaba en su oficina para invitarlos a su proyecto político.
Más tarde lo hizo candidato a presidente municipal y a gobernador, dos posiciones políticas que marcaron la hegemonía morenovallista al tiempo que todos los panistas estaban agachados y callaban ante la tiranía moderna.
Rafael nunca fue panista y por eso no le importaba pasar sobre cualquiera de ellos. Tony tampoco, pero cuidó las formas y no sumó enemistades.
Fue hasta el 2018 que ambos rompieron políticamente cuando Gali no quiso firmar el incremento a la tarifa del transporte público, incluso cuando Martha Érika era ya gobernadora, lo que enfureció a Rafael y terminó amenazando a Gali, quien para ese entonces jugaba sus cartas para no pelearse con el lopezobradorismo.
Hoy Gali, el ex gobernador de Puebla que nunca quiso afiliarse al PAN, deja en claro que trabajará por un proyecto de centro y no de derecha, lo que ha enfurecido a las rémoras panistas que callaron y se acobardaron cuando Rafael los trataba como su servidumbre.
Esos panistas sadomasoquistas extrañan a su tirano, al único que los llevó a la gubernatura en dos ocasiones sin importarles que los traten como tropas del favismo, aquel régimen de gobierno que los ideologizó, al grado de llevarlos a creer que el poder era de ellos.
Por cierto: los enanos fascistas poblanos están a punto de saturar los hospitales psiquiátricos porque no podrán recuperar el poder que jamás tuvieron, ya que todo el morenovallismo y el galismo los aborrecen.