Melchisedech D. Angulo Torres/ Politólogo
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo puso en marcha una de las iniciativas más ambiciosas de su administración: una reforma electoral diseñada para devolver el poder de decisión al pueblo de México.
Bajo la premisa de que la democracia no debe pertenecer a las cúpulas partidistas ni a las minorías privilegiadas, esta propuesta busca transformar de fondo las instituciones para que la voz de todas y todos los mexicanos sea el eje rector de la vida política nacional.
Con este paso, la Cuarta Transformación reafirma su compromiso de transitar de una democracia meramente procedimental a una auténtica democracia participativa y popular.
El corazón de la reforma radica en la "desoligarquización" del sistema político, atacando directamente el control discrecional que las dirigencias de los partidos han ejercido históricamente sobre las candidaturas.
A través de una reconfiguración de las listas plurinominales, se pretende que los representantes tengan un vínculo territorial real y directo con la ciudadanía, evitando que las posiciones legislativas sigan siendo botín de unos cuantos. Al eliminar estas cuotas de poder, la propuesta garantiza que quienes lleguen al Congreso respondan a los intereses del pueblo y no a los mandatos de sus dirigencias partidistas.
Otro pilar fundamental es la racionalización del gasto electoral, una demanda histórica de la sociedad mexicana que se siente agraviada por los excesivos costos del sistema actual.
La propuesta de la Presidenta plantea una reducción significativa del financiamiento público a los partidos políticos y una optimización de la estructura operativa de los órganos electorales.
México dejará de tener una de las democracias más caras del mundo, permitiendo que esos recursos públicos se redirijan a programas sociales e infraestructura que beneficien directamente a la población, bajo un esquema de austeridad republicana que no compromete la eficacia del voto.
La reforma también institucionaliza la democracia participativa como un ejercicio cotidiano y no solo de cada sexenio. Se propone el fortalecimiento de consultas populares a nivel local y estatal, así como la facilitación de mecanismos de democracia directa como el referéndum y la iniciativa ciudadana. Este modelo busca que la participación de la gente sea permanente, obligando a los gobernantes a mantener una rendición de cuentas constante.
Con ello, se rompe el viejo esquema donde las decisiones trascendentales se tomaban a puerta cerrada, abriendo los espacios para que el pueblo sea el soberano en todo momento.
Frente a esta iniciativa, los grupos que anteriormente detentaban el poder manifiestan una resistencia previsible, calificando la reforma de "regresiva".
Sin embargo, el análisis histórico demuestra que las reformas del pasado, aunque ciudadanizaron ciertos procesos, terminaron creando una élite tecnocrática y una "partidocracia" alejada de las necesidades sociales.
La propuesta de Sheinbaum no busca debilitar las instituciones, sino "desprivatizarlas" para que dejen de ser un refugio de expertos al servicio de intereses creados y se conviertan en instrumentos de servicio al pueblo, garantizando la pluralidad desde una base social más amplia.
@_Melchisedech