Una larga agonía política sufren las dos diputadas de Morena que se burlaron de quienes llaman “viejitos”, porque su desliz verbal las llevó a perder prácticamente sus derechos políticos, lo que significa que no podrán repetir en el cargo que indignamente ostentan.
Me refiero a Nayeli Salvatori y Graciela Palomares, quienes ayer recibieron la estocada política que intentaron evadir: la de la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, la misma lideresa, quien advirtió que deberían perder sus derechos por haber abusado del lenguaje en el que ambas se burlan de los adultos mayores pese a negarlo.
No habrá poder humano que salve de la desgracia política a ambas, cuya soberbia les impedía aceptar sus errores y actuar con humildad, virtudes que no conocen por su frivolidad e inmadurez.
Recuerdo perfectamente cuando una de ellas se sentía Primera Dama al inicio del sexenio, no había persona que mereciera su saludo y no cabía nadie más que ella en los círculos políticos.
Hasta que fue desechada. Por cierto: quería ser diputada federal plurinominal, como le gusta a ella: quería que los viejos le regalen otro cargo donde cobre más de 150 mil pesos mensuales por sus servicios.
